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Efectos de los formatos anamórficos – Ópticas LOMO

La fabricación y distribución de ópticas –como cualquier otra actividad humana– está sujeta a los vaivenes socioeconómicos y políticos del momento en el que vivimos. La guerra fría, que durante más de cuatro décadas polarizó al mundo en dos bloques de influencia y poder militar, también dio lugar a determinados bloqueos comerciales con peculiares consecuencias. Durante los años setenta, ochenta y noventa del siglo pasado –una vez superados los primeros titubeos en la utilización de ópticas anamórficas de manera amplia– la industria estadounidense rodaba, de forma unánime, sus producciones cinematográficas de gran presupuesto con objetivos anamórficos Panavision. Esta tónica, en mucha menor medida, se repetía entre aquellas películas occidentales –de otras industrias– que podían permitírselo.

Ópticas anamórficas LOMO.

Sin embargo, el bloque soviético no tenía acceso –ni intención de permitirlo– a los productos de la compañía californiana. En el caso concreto de los rodajes de gran presupuesto, las ópticas anamórficas de elección –para el formato “Sovscope“– eran siempre las célebres LOMO –ЛОМО́– de fabricación rusa. El nombre es en realidad un acrónimo de la Asociación Óptica Mecánica de Leningrado –Leningradskoye Optiko-Mekhanicheskoye Obyedinenie o Ленинградское Oптико-Mеханическое Oбъединение en caracteres cirílicos–.

Fundada en 1914 como una sociedad limitada franco-rusa situada en la ciudad de Petrogrado –actual San Petersburgo– para dedicarse a la fabricación de cámaras y ópticas, pronto tuvo que especializarse en miras telescópicas para el ejército. El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó esta desviación en la producción y, poco después de su finalización, el nuevo gobierno bolchevique la nacionalizó.

Desde entonces, la cantidad de reorganizaciones, cambios de nombre y ampliaciones de líneas de fabricación distintas por las que ha atravesado resulta tan descomunal que harían falta varias enciclopedias para resumirlo. Baste decir, en lo que atañe a los propósitos de este artículo, que la división encargada de la fabricación de ópticas anamórficas no sobrevivió a los vaivenes posteriores al derrumbe del gobierno comunista en los años noventa.

Trabajando en la Unión Soviética, Akira Kurosawa supo aprovechar el formato anamórfico del Sovscope 70 para trasladar su sensibilidad única a la pantalla para “Dersú Uzalá” (Akira Kurosawa, 1975), quizá una de las obras maestras más hermosas de la historia del cine.

En el tiempo transcurrido desde entonces, gran cantidad de esas ópticas –disponibles en grandes cantidades durante el apogeo de su producción– han acabado llegando a numerosas empresas de alquiler distribuidas por todo el mundo, así como a un número considerable de operadores y directores de fotografía –entre los cuales, también existen algunos que no son hipsters, contrariamente a la creencia popular–.

Óptica anamórfica LOMO de primera generación.

 

Llegados a este punto, es importante diferenciar entre dos clases diferentes de ópticas anamórficas fabricadas por LOMO –ambas con un elemento de anamorfosis de factor 2x–. Las primeras series de objetivos de esta clase que introdujo la compañía se diferencian por contar con un elemento frontal rematado en forma cuadrangular –han sido rebautizadas, por ese motivo como “Square Frontal” en EE.UU.–. Estos juegos gozan de gran predicamento entre ciertas comunidades de cineastas independientes por tres motivos:
• Su incontrolable y sorprendente cantidad de reflejos internos.
• El aspecto inequívocamente “retro” que proporcionan a la imagen.
• Su bajo coste.

No obstante, desde el punto de vista mecánico suponen la peor pesadilla que puede afrontar cualquier ser humano –aspirante a sobrevivir a un rodaje en formato anamórfico– sin sucumbir a un ictus fulminante. Si obviamos el pequeño e insignificante detalle de que tienen más partes móviles que un puzzle de récord Guinness y de que se suelen caer a pedazos, sólo tendremos que preocuparnos de un desproporcionado “efecto zampabollos” y de que, en lugar de presentar una respiraciónpronunciada, padecen de enfisema pulmonar terminal. Es importante darse cuenta de que si –a la hora de utilizar unas ópticas– empleamos más terminología médica que cinematográfica, cabe la posibilidad de que no merezca la pena acortarse la vida.

El director de fotografía Vadim Yusov, jefe del departamento de cámara de MosFilm, supo aprovechar el formato anamórfico combinando el blanco y negro de todo el metraje con una única y crucial secuencia final en color para la extraordinaria “Andrei Rublev” (Andrei Tarkovsky, 1966). Rodada con ópticas LOMO de primera generación, se pueden notar claramente sus características más habituales en este fotograma.

La segunda serie fabricada por LOMO se distingue de la primera a simple vista por su elemento frontal rematado en forma circular –de nuevo, ha sido rebautizada como Round Frontal” por la industria estadounidense–.

Su diseño mecánico es mucho más simple y fiable, y aunque continúa siendo endeble y con el paso de los años, tampoco es comparable al de diseños actuales. Sigue permitiendo la aparición de los carismáticos flares marca de la casa –tan deseados en numerosas ocasiones– pero la imagen es más nítida, la respiración bastante menor y no sufren de efecto zampabollos ni de los aleatorios desplazamientos del encuadreque provocan sus predecesoras. De hecho, no es casualidad que el fabricante germano Vantage –de cuyas excelentes opciones hablaremos más adelante– escogiera el bloque óptico de estas últimas LOMO como base para fabricar sus Hawk Serie-C. Hasta cierto punto, también han sido la inspiración evidente para las Elite, de las que hablamos en un artículo anterior.

Con apenas cuatro distancias focales –355075 y 100 mm–, la popularidad actual de las LOMO de segunda generación se debe a su extraordinario bokeh oval –del que es responsable su diafragma de 18 palas–, su inconfundible distorsión geométrica de barril y el clásico flare con líneas azules tan demandado hoy en día. Se discute ampliamente en la industria acerca de los revestimientos originales escogidos por LOMO, que provocan que esas líneas se produzcan de manera muy limpia y que la imagen retenga mucho contraste a pesar de sus tonos generalmente cálidos.

El clásico flare de las LOMO anamórficas.

En este caso, hay un primer grupo de elementos esféricos situado delante de la sección cilíndrica. El mecanismo de enfoque proporciona una respiración moderada en la 35 mm, algo menor en la 50 mm y baja en las 75 y 100 mm. Como ocurre con otros diseños de esa época, el elemento frontal rota y presenta un desplazamiento telescópico. Dificulta sobremanera el uso de matte-boxes y lentes de aproximación y deteriora sin remedio el humor de los foquistas, cuya tarea ya es suficientemente compleja sin que les pongamos palos en las ruedas.

Detalle del elemento frontal de una LOMO anamórfica de segunda generación.

La resolución es buena en el centro del encuadre, incluso a máxima apertura y se suaviza notablemente en los bordes. La superficie enfocada se incrementa de forma dramática según se cierra el diafragma. El punto dulce se sitúa a T5,6 en el objetivo de 35 mm y T6,3 en los restantes. La apertura máxima es de T2,5 en el 35 mm y en el 75 mm, de T2,4 en el 50 mm y de T3,4 en el 100 mm. La distancia mínima de enfoque, de 99 cm, es idéntica en todo el juego. Los pesos y las dimensiones son diferentes en cada óptica, siendo la más pesada de más de 3 kg y la más ligera de poco menos de 2 kg.

Tabla de especificaciones de las ópticas anamórficas LOMO de segunda generación.

Para quien busca el aspecto carismático que proporcionan las LOMO, pero prefiere alquilar el juego –lo habitual en cualquier rodaje–, escoger las Vantage Hawk Serie-C puede resultar mucho más económico para la producción, teniendo en cuenta el enorme ahorro de tiempo que implica trabajar con ópticas modernas. Aún en este último caso, es necesario experimentar previamente con el juego. Su comportamiento óptico, impredecible, no dejará de sorprendernos –para bien o para mal– a lo largo de cualquier rodaje. Claro que –a ese fenómeno– ahora hay que llamarlo “carácter” o “personalidad“…